La mitad de esta casa está al aire libre
En el último nivel de Casa Malva Sunset, la terraza no es el remate del plano: es la habitación donde ocurre el día.
Hay una diferencia entre tener una terraza y vivir al aire libre, y se nota en los metros. De los 154 que mide el Penthouse 02, sesenta y ocho están afuera. No es un balcón agrandado: es la mitad de la casa, y es la mitad que mira al Mar de Cortés.
El penthouse ocupa el último nivel, dentro de Punta Península, sobre la segunda línea de frente de playa. Esa posición decide dos cosas. La primera es el silencio: la ola se oye, pero no se pisa. La segunda es el encuadre. Desde arriba el mar aparece entero, con la Isla Alcatraz recortada al frente y el estero abriéndose del otro lado al amanecer, cuando se llena de garzas.
Adentro, ochenta y seis metros resueltos como un solo espacio. La cocina no está escondida: una isla en cuarzo blanco la pone en el centro, con carpintería de encino hecha a medida y ventanales de piso a techo en dos orientaciones, de modo que la luz cruza el departamento de lado a lado a lo largo del día. El porcelanato de los interiores continúa en la terraza, en el mismo material, y esa continuidad es lo que hace que la casa se sienta más grande de lo que mide. En los baños, travertino a raya. Dos recámaras, dos baños completos, área de servicio y clima instalado.
Nada de esto está por construirse. El penthouse está terminado y equipado, y se entrega con las llaves en la mano. En esta zona, donde casi todo se vende en planos y se recibe dos años después, eso es la excepción y no la regla.
Abajo, el conjunto: alberca climatizada frente a la playa, acceso privado al mar por escalinata propia, un jardín botánico de especies del desierto sonorense, fogateros en el jardín central y un mirador sobre la Laguna de la Cruz. Bahía de Kino queda a diez minutos; el aeropuerto de Hermosillo, a una hora y dieciocho.
Se puede recorrer con cita previa. Conviene al atardecer.




